jueves, marzo 31, 2005

Como se reproducen los seres humanos

Quizás hoy en día casi nadie ignore, al menos las generalidades, de la reproducción humana y la determinación del sexo mediante la permutación de los pares X e Y en el cromosoma 23°. Este conocimiento científico se ha visto ampliado recientemente por descubrimientos que han determinado que la potencia del gen femenino es mucho mas complejo y poderoso que el masculino pues carga con una significativa cantidad de información adicional codificada en forma de ADN. Pero hasta hace unos pocos y escasos cien años estos mecanismos eran virtualmente desconocidos. Mendell, el primer enunciador de las leyes de la genética incluso fue ignorado en su tiempo y solo después de su muerte sus teorías ganaron terreno y fueron finalmente aceptadas. Revisando la historia he hallado un raro texto denominado “Embriología Sagrada” (Madrid, 1848) escrito por el sacerdote Inocencio Rieco Le Grand, en el cuál expone las teorías en boga sobre la determinación del sexo en la concepción.

Primero.

El sistema de Hipócrates que aseguraba que el semen del hombre, y la mujer se mezclaban y que el más fuerte de los dos producía un feto de su sexo. Esta opinión se siguió por Aristóteles, y ha tenido gran séquito en las escuelas.

Segundo.

El de Descartes, que suponía que la mezcla de los dos sémenes producía una fermentación de la cual se originaba el feto. Algunos naturalistas han admitido esta fermentación, para la reproducción de las plantas, otros han afirmado que el semen del másculo era ácido y el de la hembra alcalino, y que de ellos se producía una sal química. Vieussens admitía el semen lleno de espíritus. Helmocio aseguraba que la hembra suministraba la materia seminal, y el macho una especie de espíritu o sello vital. Otros han querido que cada semen encerrase un animal informe o partes de un animal que se atraían después y se reunían. (...) La hembra es la que da el germen preparado, y el esperma del macho es el que le excita, y vivifica.

Tercero.

Los antiguos han sostenido que el testículo derecho de los machos, y la cavidad derecha de la matriz producían individuos varones, y que las hembras eran engendradas en el lado izquierdo. Parménides, Anaxágoras, Aristóteles, Hipócrates, y Galeno siguieron esta opinión. Demócrito, Plinio, y Columela, han sostenido también que atando el testículo derecho o izquierdo a un carnero, se le hacía engendrar macho o hembra, según se quería. No ha dejado de tener sectarios esta doctrina; pero su falsedad la demuestra la experiencia, pues se han observado muchos hombres faltos de un testículo que han procreado hijos de los dos sexos. También se han hallado fetos varones en el lado izquierdo, y hembras en el derecho; finalmente; se han observado a una mujer que teniendo destruida la trompa derecha de Falopio concibió un niño, y una niña.

Cuarto.

Buffon admite en la generación un sistema medio entre Hipócrates; y Demócrito afirma que el semen es un extracto de todas las partes del cuerpo: que es una reunión de moléculas orgánicas que reciben la figura de los padres en un molde interior. Estas moléculas orgánicas siempre vivientes, que sirven a la nutrición y al movimiento de los animales, y de las plantas, pasan sucesivamente de cuerpo en cuerpo. Esta opinión se parece al sistema de la panspermia, de Heráclito, y de Hipócrates (lib. de diaeta), y renovado por Perrault, Gerike, Wollarton Sturm, Logam, &c.

En la hipótesis de que los padres, y madres suministran de todas las partes de su cuerpo moléculas para componer un ser que se les parezca, no se puede explicar cómo la mariposa produce en sus huevos, todas las túnicas, y envolturas sucesivas de las orugas, de que ella misma carece, y que han de salir de sus huevos. Si se supone un padre, y una madre mancos de un mismo brazo, o un perro, y una perra ambos con la cola cortada, nacerán sin embargo hijos con dos brazos bien formados, y perros con cola de un tamaño regular. He aquí, pues, a la naturaleza corrigiendo ella misma los defectos de los seres generadores. No obstante, los perros sin cola y sin orejas externas, pueden con el tiempo engendrar cachorros descolados, y desorejados, lo mismo que otros mas perfectos, aunque la naturaleza aspira siempre a recobrar el tipo primordial de la especie, que es su modelo.

Quinto.

Diógenes, Hippon, y toda la escuela estoica admitían que el feto era producido por el semen del macho solo, no sirviendo la madre más, que para el desarrollo, como la tierra respecto al grano.

Sexto.

El sistema de los ovaristas, renovado últimamente por los célebres fisiólogos Dumas y Prevost: según este sistema, el semen espermático contiene en sí multitud de animalillos capaces de convertirse en seres semejantes al hombre, quienes en el acto mismo de la generación se lanzan por las trompas falopianas a los ovarios, donde después de una acción de guerra sangrienta, propiamente dicha, perecen todos, a excepción del que ha de ser anidado en el huevo destinado a recibirle. Por esta hipótesis, en el parto de dos o más gemelos han sobrevivido a tan singular batalla dos o más animalillos espermáticos.

Séptimo.

El sistema de los huevos producidos por la hembra sola, y de su movimiento: ha sido admitido por Swamimerdams, Malpighi, Harvey, Valisneri, Plonequet, y Graaf, que los han descubierto en la mujer. Esta opinión que es la más seguida en el día, no está libre do algunas dificultades. Es evidente que el esperma del macho modifica mucho los órganos, y la estructura del embrión en los mulos, o híbridas. Así la yegua montada por un asno, produce un mulo que participa de las dos especies casi con igualdad. Pero este sistema de los gérmenes pertenecientes sólo a las hembras, explicaría muy bien la propagación de los pulgones sin la intervención de los machos.

Octava

La epigenésis, es decir, la formación parcial, y sucesiva del feto, sistema conocido ya de Aristóteles y de Galeno, ha sido renovado por Descartes, Harvey, Furberville, Noedham, Muller, &c., pero especialmente por Wols que le llamó fuerza esencial. Esto mismo viene a ser lo que sostienen algunos físiologistas de este siglo con el nombre de misus formativus esfuerzo organizante, principio vital, tales son Blumembach, Barthez, otros muchos. Las formas plásticas de Cudworth son análogas a esta opinión, lo mismo que la atracción de las partes y la sobreestructura de los órganos admitida por Maupertuis. Como los órganos no son visibles hasta que han adquirido consistencia, y opacidad, parece que se componen unos después de otros. Así el corazón o el punto saliente (puntum saliens) es el primero que se ve y lo mismo la espina dorsal: después las arterias gruesas y las venas, los músculos, los huesos, y finalmente las membranas. Pero la naturaleza echa sus obras en el molde de una sola vez, lo cual se advierte en la perfecta simetría, y en las fuerzas antagonistas de las diversas partes del cuerpo: no pudiendo establecerse semejante correspondencia sino por un esfuerzo armónico. Está cada miembro de tal modo apropiado a todos los demás, y unido con tantas simpatías, que no forma más que un ser individual. Todas las partes del mismo cuerpo participan igualmente del temperamento general: la menor fibra está íntimamente incorporada a este único individuo, a su género, a su sexo, a su edad, y a sus [ hábitos: vive de su vida general, concurre al mismo fin con todas las demás, y últimamente; el individuo es único, lo que sería imposible si cada cuerpo estuviera formado de piezas producidas en muchas veces, y sin un poder que obrase de concierto, y aun tiempo en todas partes. (...)

Nona.

Bonet, Spallanzani, y las escuelas de Italia han seguido la opinión de que hay gérmenes preexistentes y creados desde el principio del mundo pero encajados unos en otros y desarrollándose sucesivamente. Se ha citado un ejemplo singular de este embutido de Ch. J. Aug. Otto, De faetu puerpera, seu de faetu in faetu, epistola. Weissenfeli, 1748 in 4°. Este feto hembra contenía otro dentro; pero este ejemplo no prueba otra cosa sino que era una monstruosidad; como vemos algunas veces un huevo dentro de otro, o un limón en otro limón. Adoptando por otra parte esta opinión del embutido de los gérmenes y de su existencia anterior al acto de la generación, se sigue que Eva ha debido poseer todos los gérmenes de los hombres nacidos y por nacer sobre la tierra hasta la consumación de los siglos; y lo mismo en cada especie de animales y de plantas. Este embutido supone la división de la materia hasta lo [25] infinito; porque es preciso contar no solo todos los gérmenes que se desarrollan sucesivamente, sino todos los que abortan o que se desarrollan, o que perecen antes de reproducirse, con toda la serie de generaciones que hubieran producido.

Décima.

La hipótesis de la panspermia de que hemos hecho mención. En esta hipótesis suponen que toda la naturaleza está llena de gérmenes, o de elementos imperceptibles propios para formar cualquiera ser. Estos gérmenes recibidos con los alimentos, con el aire, el agua, la tierra, &c., en los cuerpos vivos, se asimilan a su sustancia, pasan a su semen, y allí se hacen capaces de reproducir el mismo ser al cual se han asimilado. Pasando estos gérmenes a otros seres, se amoldan a su forma y abandonan la que habían recibido anteriormente. Así toda materia, colocada en circunstancias convenientes, se hace capaz de producir un ser; la naturaleza entera no es más que semen y generación.

Undécima.

Pitágoras y Timeo de Loeres admitían que la generación se efectuaba por números o conexiones armónicas: y según Platón, las ideas son los principios de las formas de todos los cuerpos: todos los seres están organizados por un modelo arquetipo, o ideal, y conforme a una proporción ternaria y simétrica. Esta armonía triangular es la imagen misteriosa del que engendra, de aquel en el cual se engendra, y de lo que es engendrado. El mundo es el animal prototipo de todos los demás, y de él emanan todas las existencias.

Duodécima.

Según Parménides, el calor, y el frío bastan, para formar nuevos seres: los machos son concebidos en el lado derecho de la matriz, y las hembras en la región izquierda. Empédocles, mirando la formación de nuevos seres y su destrucción como la mezcla y la separación de los elementos, sostenía que no había ninguna generación verdadera. La humedad, o el agua elemental, era según Tales el principio de la generación.

Decimatercera.

Stahl ha creído que el alma tenía el poder de criar y de organizar el feto, y Helmoncio admitía un espíritu formador, una idea seminal en la matriz: explicaban los lunares de nacimiento por las emociones del alma. Según estos autores, el esperma era en algún modo un licor vivo, que transmitía al feto el alma y las cualidades morales, y físicas, del padre.

Décima cuarta.

Después la generación de los gemiparos o por estaca ha hecho creer que el feto pertenecía a la hembra, de la cual era en alguna manera una emanación.


Estas son poco más o menos las opiniones de todos los filósofos sobre la generación, que hemos tomado del célebre naturalista mencionado; por parecernos más breves y compendiosas. La Filosofía disputará eternamente sobre la generación del hombre; mas el Teólogo fundado en el texto de Moisés confiesa que la generación proviene de la cópula del hombre con la mujer sin que necesite profundizar más este misterio para resolver las dificultades que puedan presentarse. Todas cuantas cuestiones quieran suscitarse sobre esta materia estarán siempre envueltas en densas tinieblas. Aún no han convenido los fisiólogos en determinar si la concepción es distinta o no de la generación; si es o no distinto el momento en que se fecundó el germen de aquel en que se concibió: qué condiciones son o no necesarias para que una mujer sea fecunda; si son más a propósito las que se entregan con más ardor a los placeres del amor que las que son naturalmente frías. Sobre esto podemos asegurar de una señora que tiene ocho hijos y dos hijas todos adultos, la cual siempre que se llega al tribunal de la Penitencia no duda afirmar que ignora cómo el señor le ha concedido tan dilatada sucesión pues jamás ha experimentado placer alguno en el acto conyugal; lo mismo hemos oído afirmar a otras varias señoras, que no carecen de sucesión; por el contrario se observa en mujeres viciosas, o al menos en muchas cuya naturaleza participa con exceso de los goces del matrimonio ser infecundas. Tampoco vemos resuelta la cuestión sobre el sitio en que se verifica la concepción, unos aseguran que sucede en la matriz, puesto que comúnmente el feto se desarrolla en ella, otros que en el ovario pasando después de tres días el huevo fecundado a la matriz, y lo prueban por los destrozos del feto que se han encontrado en el ovario de algunas mujeres, y con varios ejemplos de preñeces abdominales, y por varios experimentos hechos al intento, entre ellos el de Nuck, que tres días después de la cópula, ató una de las trompas del útero en una perra, y veinte y un días después encontró dos fetos entre la atadura y el ovario lo que prueba la concepción extrauterina.

He aquí cómo hasta el presente se ha adelantado poco en esta materia, y que podemos asegurar con Fermín, que la obra de la generación es uno de los misterios más impenetrables de la física, o uno de los secretos que la naturaleza tiene ocultos. Sin embargo repetimos con el Abate Spallanzani, que a pesar de que se dice que es un secreto de la naturaleza que existe más para ser admirado, que investigado; no debemos entregarnos a la ociosidad, sino continuar nuestras investigaciones y mucho más cuando tanto se nos ha allanado el camino.

0 Comentarios:

Publicar un comentario

Suscribirse a Comentarios de la entrada [Atom]

<< Página Principal